
«El síndrome que ya está en tus tubos, solo que nadie lo está leyendo completo»
Hoy en tu laboratorio procesaste glucosa, creatinina, colesterol, HbA1c, proteinuria.
De distintos pacientes, sí. Pero probablemente también de un mismo paciente al que le llegaron las órdenes por separado, desde distintos servicios, en distintos días.
Tú corriste los exámenes. Los validaste. Los reportaste. Cada uno en su casilla, con su valor de referencia, con su banderita roja si era crítico.
Y ahí terminó tu trabajo. O al menos, así lo diseñó el sistema.
Pero hay algo que ese sistema no te preguntó: ¿y si esos resultados, juntos, están contando una historia que por separado nadie está leyendo?
Esa historia tiene nombre desde 2023: síndrome cardio-renal-metabólico (CKM). Y esta edición de EL REPORTE es sobre por qué ese nombre nos cambia el rol a nosotros, los que estamos en el laboratorio.
El síndrome que ya domina nuestras bandejas de trabajo
Cuando la American Heart Association definió el CKM como entidad unificada, no inventó nada nuevo. Lo que hizo fue nombrar lo que nosotros llevamos años viendo en los tubos sin poder articularlo: que la diabetes, la enfermedad renal crónica y el daño cardiovascular no son tres problemas que coinciden por mala suerte. Son tres expresiones del mismo proceso fisiopatológico, alimentándose mutuamente.
Los números lo confirman sin margen de duda.
Solo el 12.9% de los adultos en grandes estudios poblacionales no presenta ningún componente del síndrome CKM. El estadio más frecuente es el estadio 2, con más del 53% de la población afectada.
Tradúcelo a tu laboratorio: la mayoría de las muestras que procesas hoy pertenecen a pacientes que ya están dentro del espectro CKM. La pregunta no es si el síndrome está en tu bandeja. La pregunta es si alguien lo está leyendo como tal.
Y cuando no se lee así, el costo es brutal.
Los pacientes en estadio avanzado del CKM tienen un riesgo de morir cuatro veces mayor que quienes están sanos, y pierden cerca de 15 años de vida a partir de los 50. No por falta de datos de laboratorio. A menudo, por falta de integración de esos datos.

¿Avance real o solo un nombre nuevo?
Hay una tensión que la comunidad científica ya está planteando abiertamente, y prefiero no ignorarla: algunos autores cuestionan si el marco CKM representa un verdadero avance conceptual o simplemente un rebranding de principios ya conocidos sobre la multimorbilidad cardiometabólica.
Es una pregunta legítima. Mi lectura, después de años trabajando en esto, es la siguiente: el valor no está en el nombre. Está en la obligación que ese nombre crea.
Cuando defines el CKM como una entidad única, ya no puedes justificar seguir evaluándolo de forma fragmentada. Y eso tiene consecuencias directas sobre cómo el laboratorio debe organizarse, qué pruebas debe ofrecer, y en qué orden.
Porque el problema real no es que no tengamos las pruebas disponibles. Es que las ordenamos de manera aislada, las reportamos sin conexión entre sí, y no existe en la mayoría de nuestros sistemas un perfil que integre la evaluación cardiovascular, renal y metabólica de un mismo paciente en el mismo momento.
La propia American Heart Association reconoce que, aunque existen terapias avanzadas para el CKM, muchos pacientes reciben atención fragmentada que retrasa el diagnóstico y empeora los resultados.
El laboratorio clínico genera el 70% de los datos que sustentan las decisiones médicas. Sin embargo, seguimos reportando valores sin narrativa, sin integración, sin propuesta clínica. Seguimos siendo el sótano del hospital cuando podríamos ser el observatorio. Ese es el nudo que hay que desatar. Y hay otro problema, quizás menos visible, que lo complica todo.
Para entender por qué el síndrome CKM no se detiene solo, hay que entender su motor interno. En el centro de todo está la activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA): una cascada que genera hipertensión, eleva la glucemia y acelera el daño cardiovascular y renal al mismo tiempo. No de forma secuencial, sino simultánea.

A eso se suman dos amplificadores que el laboratorio puede detectar: la resistencia a la insulina y la inflamación crónica de bajo grado. Ambas impulsan la progresión del daño orgánico sin dar síntomas claros durante años. Y más recientemente, la investigación ha identificado nuevos actores en esta historia: disfunción mitocondrial y alteraciones en el manejo del calcio intracelular, que abren posibles vías terapéuticas para el futuro.
El laboratorio puede detectar resistencia a la insulina, inflamación de bajo grado y daño renal incipiente mucho antes de que el paciente tenga síntomas. Esa ventana de oportunidad es exactamente donde el diagnóstico integrado marca la diferencia.

Las herramientas ya existen. El problema es cómo las estamos usando
Hay buenas noticias en el frente terapéutico. Las guías más recientes han incorporado tres clases de fármacos que actúan directamente sobre el eje CKM: los inhibidores de SGLT2 (iSGLT2), los agonistas del receptor GLP-1 (GLP-1 RA) y los antagonistas del receptor de mineralocorticoides. Lo relevante para el laboratorio no es la farmacología en sí, sino lo que implica: estos medicamentos requieren monitoreo específico de función renal, glucosa, electrólitos y biomarcadores cardíacos. Un perfil integrado no es solo diagnóstico. Es también seguimiento de tratamiento.
Y en diagnóstico temprano, la inteligencia artificial está cambiando las reglas. Los modelos predictivos basados en biomarcadores avanzados ya pueden identificar pacientes en riesgo antes de que el daño orgánico sea clínicamente evidente. Ensayos recientes muestran que combinar iSGLT2 con GLP-1 RA reduce la progresión de la enfermedad renal crónica en pacientes con DM2, y que intervenciones dietéticas específicas, como reducción de sodio y aumento de ácidos grasos omega-3, impactan de forma medible los marcadores inflamatorios del CKM.
La IA puede predecir quién va a progresar. Pero necesita los datos correctos para hacerlo. Ahí está nuestra responsabilidad: no solo generar resultados, sino generarlos de forma integrada, estandarizada y a tiempo.

Lo que no existe en los datos globales y debería existir
Los metáanálisis más recientes sobre la prevalencia del CKM identifican a América del Sur como una región con datos insuficientes, una brecha que impide comprender el verdadero impacto del síndrome en nuestra población.
Los estudios grandes vienen de China, de Estados Unidos, de Europa. Nuestra realidad, el laboratorio de referencia regional en Cajamarca, el hospital de segundo nivel en Cochabamba, el centro de salud en Lambayeque que no tiene acceso a troponina de alta sensibilidad, no aparece en esa literatura.
Y mientras no aparezca, seguiremos implementando modelos pensados para otros contextos, con otros recursos, para otras poblaciones. Modelos que muchas veces no encajan.
Por eso es urgente que desde Latinoamérica no solo apliquemos lo que viene de afuera, sino que propongamos. Que tengamos voz en este debate. Que nuestros laboratorios sean parte de la solución, no solo ejecutores de órdenes diseñadas en otro hemisferio.
En este video puedes ver una presentación completa que realice al respecto en un congreso nacional en Perú: https://www.youtube.com/watch?v=3Jicmo2z_MU
La semana próxima: entramos al laboratorio
La próxima edición de EL REPORTE va a ir directo a la práctica.
Vamos a hablar del perfil de laboratorio cardio-renal-metabólico integrado: qué pruebas incluye, en qué orden, con qué lógica clínica, y cómo se implementa de forma realista según el nivel de atención y el estadio del paciente. No una lista de exámenes, sino una propuesta articulada para que el laboratorio deje de reportar islas y empiece a contar historias clínicas completas.
Una pincelada: la propuesta no es pedir más exámenes. Es pedir los correctos, en el momento correcto, conectados entre sí, desde los marcadores básicos disponibles en cualquier laboratorio de primer nivel, hasta los biomarcadores de daño temprano para mayor complejidad. Escalonado, aplicable, pensado para nuestra realidad latinoamericana.
Si quieres adelantarte, ya puedes leer el artículo completo. Acaba de publicarse en español, y eso para mí tiene un valor especial: significa que esta propuesta llega en nuestro idioma, a nuestra comunidad.
✍️ Agradezco a la revista auspiciada por la International Federation of Clinical Chemistry and Laboratory Medicine (IFCC) titulada: “Diagnóstico in Vitro” por publicar en español mi nuevo artículo titulado «Perfil de laboratorio cardio-renal-metabólico: una estrategia integrada para la prevención y el manejo de las enfermedades crónicas no transmisibles» (artículo original publicado en inglés en diciembre 2025).
¿Y tú qué ves cuando miras esos resultados?
La próxima vez que proceses glucosa, creatinina y perfil lipídico del mismo paciente, háztela esta pregunta:
¿Estoy reportando tres valores, o estoy leyendo un síndrome?
Nos vemos el próximo martes con el perfil, los marcadores y la propuesta completa.
Dr. Luis Figueroa Montes
Patólogo clínico | Medicina de Laboratorio
“En medicina del laboratorio, nuestro trabajo no es solo medir el presente. Es hacer visible el futuro. Incluso cuando incomoda.”


